Ultrasonido digital US-5400

Los ultrasonidos son una de las técnicas de electroterapia más difundidas que permiten tratar un amplio y variado número de patologías.

Son vibraciones mecánicas de una frecuencia extremadamente alta, mucho más allá de las que son posibles oír por cualquier ser vivo, situándose dentro del espectro de frecuencias en las que se encuentran emisoras de radio.

Estas frecuencias se encuentran en el orden de los mhz (millones de ciclos por segundo), encontrando aplicaciones tanto en el ámbito estético como kinesiológico.

Las frecuencias más comúnmente utilizadas en kinesiología y estética son 1 mhz y 3 mhz respectivamente.

La vibración mecánica se logra al aplicar una señal de estas frecuencias a un cristal piezoeléctrico montado dentro del cabezal aplicador, que convierte las señales eléctricas en mecánicas, similar a lo que sucede con un altoparlante en un equipo reproductor de audio.

Los ultrasonidos de 1 mhz encuentran aplicaciones kinesiológicas dado que la profundidad de penetración se encuentra en el orden de los 3 a 4cm, mientras que los de 3mhz, lo hacen de manera más superficial en el orden de 1 a 2cm de profundidad.

Estas características permiten focalizar la acción de estas ondas ultrasónicas dándole, como mencionamos anteriormente, diferentes aplicaciones.

El equipo de ultrasonidos GALMED modelo US-5400 se encuentra disponible en versión de 1 y 3 mhz.

  • La energía entregada por el ultrasonido al actuar sobre el cuerpo humano sufre una transformación en forma de calor.
  • Este calor resulta por la inevitable agitación del tejido debido a la aplicación de ondas ultrasónicas.
  • En una aplicación fija, la temperatura puede elevarse a los pocos segundos, alrededor de los 6°C en la zona cercana al transductor y 3°C en zonas más alejadas.
  • Es el flujo sanguíneo el que evita que la zona se recaliente demasiado al sustraer calor de la misma.
  • Este efecto añade una cualidad adicional a esta terapia con ultrasonidos, aunque los resultados más positivos se deben fundamentalmente al efecto mecánico sobre los tejidos.
  • Sera necesario aplicar con cuidado, no por los posibles efectos del calor, sino por posibles quemaduras del periostio, especialmente en zonas a tratar donde haya hueso próximo, por ejemplo en manos.
  • Se deberá tener atención a la dosis y mantener el cabezal en constante movimiento ya sea una aplicación directa o sumergida en agua.
  • Sera necesario prestar atención a protuberancias óseas y mover el cabezal manteniéndolo siempre en contacto con la zona a tratar, aplicando una presión agradable pero lo suficientemente firme para que la señal se transfiera con eficacia.
  • Cuando el cabezal no transfiere la energía, por ejemplo por mantenerlo emitiendo unos momentos sin estar en contacto con la zona a tratar, este puede tender a calentar y al aplicarlo nuevamente podría producir algún tipo de quemadura; por este motivo, siempre que el equipo esté en funcionamiento debe estar en contacto, de ser necesario, es posible pausar la sesión y luego continuarla.
  • Se sugiere realizar sesiones diarias y analizar los resultados tras diez de ellas, si los resultados son favorables se puede continuar con el tratamiento, pero de no observar mejoría alguna analizar otro tipo de terapia y no continuar con ultrasonidos si no se obtienen resultados favorables.

Para la aplicación de ultrasonidos es siempre indispensable un medio que lo conduzca, este puede ser agua en el caso de aplicaciones sumergidas o abundante gel neutro para poder transmitir con eficacia la energía ultrasónica.

Lo único que se interpone entre la piel del paciente y el transductor es una de las sustancias antes mencionadas.

Aplicación Indirecta

Se coloca un intermediario entre ambas superficies; por ejemplo: un pack de carboximetilcelulosa.

Aplicación Subacuatica

Para este tipo de aplicación, es recomendable utilizar un recipiente plástico de tamaño adecuado para la zona a tratar y evitar otros materiales que posiblemente no absorban con eficacia la señal que rebote en sus paredes internas, como ejemplo el vidrio o metal.

De no disponer de un recipiente plástico, es posible adaptarlo colocando un paño que cubra la mayor parte de la superficie interna a fin de absorber las señales ultrasónicas que lleguen a ella.

El agua asegura el correcto acoplamiento. Se utiliza cuando deseamos tratar zonas poco regulares, como codos, garrones, etc., en donde el acoplamiento con gel sería más difícil.

En este modo de aplicación hay que tener en cuenta el fenómeno de pseudocavitación utilizando agua desgasificada y evitando, de esta manera, el depósito de burbujas de aire entre el cabezal y la piel. Para ello, el agua se hierve previamente; también puede ser suficiente agua destilada a 37 ºC o, incluso, agua estéril, si va a tratarse una herida abierta úlcera.

Colocar el cabezal del ultrasonidos dentro del agua y orientado a la zona a tratar, a una distancia entre 3 y 5 cm. del objetivo, ajustar la duración y la potencia teniendo en cuenta la patología a tratar y mantenerlo en movimiento.