Los ultrasonidos son una de las técnicas de electroterapia más difundidas que permiten tratar un amplio y variado número de patologías.
Son vibraciones mecánicas de una frecuencia extremadamente alta, mucho más allá de las que son posibles oír por cualquier ser vivo, situándose dentro del espectro de frecuencias en las que se encuentran emisoras de radio.
Estas frecuencias se encuentran en el orden de los mhz (millones de ciclos por segundo), encontrando aplicaciones tanto en el ámbito estético como kinesiológico.
Las frecuencias más comúnmente utilizadas en kinesiología y estética son 1 mhz y 3 mhz respectivamente.
La vibración mecánica se logra al aplicar una señal de estas frecuencias a un cristal piezoeléctrico montado dentro del cabezal aplicador, que convierte las señales eléctricas en mecánicas, similar a lo que sucede con un altoparlante en un equipo reproductor de audio.
Los ultrasonidos de 1 mhz encuentran aplicaciones kinesiológicas dado que la profundidad de penetración se encuentra en el orden de los 3 a 4cm, mientras que los de 3mhz, lo hacen de manera más superficial en el orden de 1 a 2cm de profundidad.
Estas características permiten focalizar la acción de estas ondas ultrasónicas dándole, como mencionamos anteriormente, diferentes aplicaciones.
El equipo de ultrasonidos GALMED modelo US-5400 se encuentra disponible en versión de 1 y 3 mhz.
Para la aplicación de ultrasonidos es siempre indispensable un medio que lo conduzca, este puede ser agua en el caso de aplicaciones sumergidas o abundante gel neutro para poder transmitir con eficacia la energía ultrasónica.
Lo único que se interpone entre la piel del paciente y el transductor es una de las sustancias antes mencionadas.
Se coloca un intermediario entre ambas superficies; por ejemplo: un pack de carboximetilcelulosa.
Para este tipo de aplicación, es recomendable utilizar un recipiente plástico de tamaño adecuado para la zona a tratar y evitar otros materiales que posiblemente no absorban con eficacia la señal que rebote en sus paredes internas, como ejemplo el vidrio o metal.
De no disponer de un recipiente plástico, es posible adaptarlo colocando un paño que cubra la mayor parte de la superficie interna a fin de absorber las señales ultrasónicas que lleguen a ella.
El agua asegura el correcto acoplamiento. Se utiliza cuando deseamos tratar zonas poco regulares, como codos, garrones, etc., en donde el acoplamiento con gel sería más difícil.
En este modo de aplicación hay que tener en cuenta el fenómeno de pseudocavitación utilizando agua desgasificada y evitando, de esta manera, el depósito de burbujas de aire entre el cabezal y la piel. Para ello, el agua se hierve previamente; también puede ser suficiente agua destilada a 37 ºC o, incluso, agua estéril, si va a tratarse una herida abierta úlcera.
Colocar el cabezal del ultrasonidos dentro del agua y orientado a la zona a tratar, a una distancia entre 3 y 5 cm. del objetivo, ajustar la duración y la potencia teniendo en cuenta la patología a tratar y mantenerlo en movimiento.